En Busca de… Crecer en la Fe

 

Descubre una vida de plena libertad y gozo en Cristo

Toda vida existe con el propósito de desarrollarse. Si un recién nacido deja de crecer saltan todas las alarmas, porque es indicativo de que puede haber un grave problema.

Sin embargo, este es un comportamiento relativamente frecuente entre los cristianos. Escuchan el mensaje de la cruz con gozo, aceptan a Cristo como Señor y Salvador, comienzan una vida llena de ilusión. Y de repente todo se para.

Quizá por el miedo a salir de su zona de confort, porque seguir creciendo les va a requerir un esfuerzo para el que no se sienten capacitados, o, sencillamente, porque se sienten a gusto tal y como están; pero si se quedan así, se debilitarán y, con el tiempo, enfermarán.

En este libro nos enfocaremos en analizar la importancia del crecimiento espiritual y veremos pautas y principios bíblicos que nos ayudarán en nuestro desarrollo como creyentes, como personas que viven el Evangelio con intensidad y humildad.

Porque el cristianismo es una fe de superación, de positividad y de esperanza, en la que Dios busca que alcancemos un desarrollo pleno del carácter cristiano y en la que no hay límites en nuestro proceso de superación espiritual.

Al fin y al cabo es una labor que completa el Espíritu Santo en nuestras vidas, si le dejamos.

¿Te atreves a dejarle actuar?

 

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Opiniones de lectores

“Un gran libro que anima e inspira a confiar en Dios en medio de cualquier valle de sombra…” (Anónimo)
“Un libro de fácil lectura y ameno. Sencillo, con grandes y profundas verdades. Recomiendo su lectura.” (Lurdes E.)
“Cuando crees, que tus circunstancias son abrumadoras, solo tienes que repasar las vidas de hombres y mujeres en la Biblia, que han pasado su valle, con la contundente fidelidad de Dios.” (Anonimo)

Un Pasaje de “En Busca de… Crecer en la Fe

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3 – Conocimiento

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” Oseas 4:6

 

El cristianismo no se basa en prohibiciones, se basa en alcanzar plena libertad. No se trata de que tengamos una vida restrictiva, sino de que ampliemos nuestros actos y nuestras posibilidades. Pero en la dirección adecuada. Pensemos que el sentido de la palabra “pecado”, en griego, es “errar el blanco”.

Yo practiqué el tiro olímpico en mi juventud. Cada uno tiene sus dones, y el de la puntería no es uno de los míos, así que “pecaba” mucho. Pero en cierta ocasión el primer disparo fue un diez perfecto, en todo el centro de la diana. Aquello era increíble, así que no me quise arriesgar y no hice un segundo disparo, la retiré y la guardé de recuerdo porque no era algo habitual en mí.

La consecuencia de tanto error era que no podía ganar ninguna competición, y lo mismo ocurre con nuestra vida espiritual. Sin embargo, no es esto lo que se espera en un cristiano.

Como te decía, fallar el blanco, no dar en el centro, es a lo que hace referencia la palabra pecado. Por eso es la palabra elegida para hacer referencia a los actos producidos bien por desobediencia expresa a Dios, o bien  por desconocer sus mandatos al vivir alejados de Él.

Quien así actúa está muy equivocando, y la consecuencia final de dicha forma de vida es la muerte.

Volviendo a mi experiencia con el tiro olímpico, algunas de las pruebas de tiro se realizan a corta distancia, pero otras se realizan con las dianas a cincuenta metros de distancia (algunas pruebas llegan a los cien e incluso a los trescientos metros), y la separación entre ellas puede ser de apenas un metro y medio. A esas distancias las dianas se ven realmente juntas, y esto lleva a que los tiradores más novatos se puedan confundir de blanco. Pueden estar haciendo buenos disparos y estar muy ilusionados por ello, pero los están haciendo en la diana equivocada. Y esto también es pecado.

Por eso, tras la exhortación a añadir virtud, lo que se define como esa fuerza indomable para cumplir la voluntad de Dios, ahora se recomienda una segunda característica: Conocimiento.

Porque puedes estar haciendo muchas cosas, con toda tu buena intención, pero estar haciéndolas mal, ya sea por desconocimiento o por falta de experiencia. E incluso las puedes estar haciendo bien, pero las estas haciendo en el tiempo equivocado o por la motivación incorrecta. Y todo ello es pecado.

Y si como cristianos queremos trastornar el mundo, como hicieron aquellos primeros cristianos, tenemos que tomar la responsabilidad de capacitarnos, del mismo modo que hicieron los judíos de Berea. Buscando conocer más de Dios y de su voluntad para nuestras vidas

 

Fondo de la imagen destacada por Ales Krivec en Unsplash

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