Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. 
(Isaías 40:30-31)

Nunca, como hasta ahora, hemos tenido tanta información y tantas opciones para elegir en todos los ámbitos de nuestra vida.

Y nunca, como ahora, la humanidad ha estado perdida y necesitada de guía.

Coachs, mentores, psicólogos, están haciendo su particular agosto ante el incremento en la demanda de sus servicios.

Esto no es algo malo. Lo grave es que algunos pastores están dejando de serlo y se están transformando en uno más de ellos, usando sus mismos principios y valores.

Y todo, porque muchos creyentes prefieren ser motivados con sistemas y consignas que ensalzan la capacidad humana, antes que depositar su confianza en la misericordia, justicia y poder de Dios.

Un nuevo Israel que vuelve a preferir cambiar a Dios por nuevos reyes que los «lideren y guíen».

Sin embargo, no hay sustituto válido para la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

No hay sustituto válido para la guía de la Palabra de Dios.

Y no hay sustituto válido para el poder y la sabiduría de Dios.

Por eso, los que alcanzarán la meta, los que tendrán fuerzas renovadas, los que lograrán la victoria, no serán los que confían en sus propias capacidades o en las de otros hombres, sino los que esperan y confían en Dios.

 

Foto de portada por Todd Diemer en Unsplash

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