No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:31-33).

Esta pandemia ha revelado muchas cosas de la naturaleza del ser humano.

Algunas de ellas son positivas, pero muchas otras son negativas. Y una de estas últimas es el elevado nivel de ansiedad que tenemos con respecto al futuro.

Ahora nos parece una anécdota casi cómica, ¿pero te acuerdas de cuando desapareció el papel higiénico de los supermercados? Daba la sensación de que iba a dejar de producirse para siempre.

Y cada vez que nos advierten de una posible emergencia la gente corre despavorida a hacer acopio de las cosas más increíbles. Aunque también es verdad que, como ya te comenté, cada vez ocurre con menor intensidad.

Quizá el problema sea el sensacionalismo con el que se tratan algunas noticias. Ya no hay inviernos, ahora hay “masas de aire polar” y “borrascas profundas”; y tampoco hay tormentas, ahora todo son “depresiones aisladas de niveles altos” o “ciclogénesis explosivas”.

Cada vez que algo se sale de lo consideramos normal lo calificamos de emergencia. Probablemente acabaremos como en la historia de Pedro y el lobo, que nos vayamos acostumbrando a que todo sean falsas emergencias y dejemos de prestarles atención. Y cuando venga la emergencia verdadera muchos se queden fuera de juego.

En cualquier caso, con tanta alarma atronando de continuo por las crisis sanitarias, las migratorias, las económicas, el paro y la precariedad laboral, los desastres naturales, etc., etc., etc., ya tenemos la “ciclogénesis explosiva perfecta” que nos está llevando a vivir casi en un estado permanente de psicosis.

Y en este estado las personas saltan por cualquier cosa, y cada pequeño tropiezo se convierte en una tragedia griega.

Ante un futuro tan incierto y amenazador no es de extrañar que los seguros de salud y multirriesgos, así como las consultas de psicología online estén creciendo como la espuma.

Aunque no todo es negativo en esta situación. Algunos están volviendo su vista a Dios; y a muchos cristianos les ha empujado a abandonar su autosuficiencia, y a aprender a confiar y depender de Dios.

Por eso no es de extrañar que, a lo largo del año pasado, uno de los pasajes bíblicos más consultados en Internet haya sido el de Mateo capítulo 6 y versículos del 31 al 33: No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Este pasaje es un precioso tesoro y una inmensa promesa salida de la boca de nuestro Señor Jesucristo.

Él conocía nuestra ansiedad y nuestros miedos, y sabe de la necesidad que tenemos de seguridad.

Pero mientras que el mundo pone su confianza en las cosas materiales, un buen trabajo, una buena casa o unos buenos ahorros, Jesús nos insta a poner nuestra confianza en Dios, y a priorizar nuestra relación con él, antes que intentar asegurarnos un buen futuro.

Porque si nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, si estamos en las manos de nuestro Salvador, si hemos escogido ser siervos de nuestro Señor, nuestra primera prioridad debe ser vivir para Él. Porque cuando hacemos esto, con sencillez y humildad, Dios mismo toma el control de nuestra vida y de nuestras necesidades.

Pero entregar el control de nuestras vidas a Dios es algo que nos cuesta, porque nos da la sensación de que vamos a perder nuestra autonomía. Sin embargo, lo cierto es que es todo lo contrario, ya que si bien no siempre vamos a poder hacer las cosas cuando a nosotros nos gustaría ni como a nosotros nos gustaría, la realidad es que, de esta manera, todo ocurrirá en el tiempo y en la forma de Dios. Y esto redundará en bendición.

Y recuerda las palabras del libro de proverbios capítulo 10 y versículo 22: La bendición de Dios es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Así que pon tu confianza en Dios, entrega tu vida a tu Señor, y deja que él la moldee a su mejor criterio. Y verás la gloria de Dios manifestarse en tu vida.

Que Dios te bendiga.

Foto de Timothy Eberly en Unsplash

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