Estad siempre gozosos (1ª de Tesalonicenses 5:16)

Es muy curiosa la situación que se dio durante el verano de 2021 con el tema de las vacunaciones aquí en España.

Un proceso que iba a toda pastilla, se frenó de repente de forma abrupta.

Y si piensas que el motivo es que faltaban vacunas o profesionales sanitarios te equivocas, y mucho.

Ni tampoco fue una cuestión de convicciones, o el éxito de las teorías conspiranóicas.

Fue algo mucho más prosaico: la gente se había ido de vacaciones, y dejaron eso de vacunarse para mejor ocasión.

Lo mismo pasó con todos esos jóvenes que aparecieron en los botellones.

De estar encerrados en casa para proteger a los abuelos, pasaron a prácticas de riesgo con una alegría increíble.

Y el motivo aducido no fue que la pandemia había sido derrotada, o que ya estaban todos vacunados,

El motivo dado fue que como los mayores estaban vacunados, y se morían menos, y como a ellos eso de morirse les pilla muy lejos, pues ya tocaba recuperar el “tiempo perdido” de estar en fiestas y disfrutar, ahora que tienen edad para ello.

La máxima de este mundo es Carpe Diem, aprovechar el momento, pero enfocado en el hedonismo.

Si ahora tienes ocasión de divertirte y disfrutar, aprovecha el momento y hazlo, porque no sabes si vas a poder disfrutar de la vida más adelante.

En palabras de un dicho popular: “que me quiten lo bailao”.

El pequeño problema es que, a pesar de ello, muchos terminan sus vidas vacíos y tristes.

Porque, parafraseando a los anuncios de productos de inversión, las alegrías del pasado no garantizan alegrías en el futuro.

Y ¿qué nos dice Dios al respecto?

Su respuesta la encontramos en 1ª de Tesalonicenses 5 y versículo 16: Estad siempre gozosos.

Un pasaje muy breve, pero que contiene una enseñanza muy poderosa.

Y es que Dios no quiere darnos una vida de migajas, ni una vida de tormentos salpicada por algunos buenos momentos.

Dios, lo que quiere, es que vivamos una vida plena. Una vida que se desarrolle en un permanente estado de gozo y de íntima relación con Él.

Un gozo que no dependa de las circunstancias, de si estamos confinados o en medio de una fiesta, de si nadamos en la abundancia o si padecemos necesidad, de si estamos sanos o si sufrimos enfermedad.

Y un gozo que no sea pasajero o puntual, sino que sea un estado permanente. Una auténtica forma de vida.

Y para ello debemos aprender a estar siempre mirando a Dios. Solo así podremos ver su gloria. Y será esa gloria la que nos sostendrá y nos ayudará a disfrutar de ese gozo en cada momento que vivamos. Aunque sean duros.

Porque cuando percibes esa gloria divina, entiendes que tu vida merece la pena. No por los placeres pasajeros que puedas llegar a disfrutar, sino por el gozo permanente que Dios pone en ti.

Así que, sí, tú también Carpe Diem, aprovecha cada momento, pero para estar con Dios, para dejarte inundar de la gloria de su presencia.

Porque cada minuto desperdiciado fuera de esa presencia es una bendición y un tiempo de gozo perdidos.

Que Dios te bendiga.

Fotografía de portada por Ben White en Unsplash
  

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