Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas (Josué 1:9).

El objetivo de la tecnología es el de facilitar la vida a los seres humanos.

Hay tecnologías que nos facilitan el desplazamiento, otras la comunicación, otras el trabajo y otras nos ayudan a protegernos.

Allí donde haya una necesidad o actividad humana encontraremos algún tipo de tecnología ayudándonos.

Esto es algo maravilloso, pero también está provocando muchos problemas.

Porque el hecho de que podamos hacer las cosas con mayor facilidad no quiere decir que esas cosas sean buenas o que las hagamos bien.

Por ejemplo, fabricar cosas con mayor facilidad está llevándonos a esquilmar muchos recursos; la mejora en las tecnologías militares nos está ayudando a destruirnos mejor en caso de guerras, y la misma facilidad que tenemos de poder hablar con alguien en la otra punta del mundo, nos está llevando, paradójicamente, a que seamos una sociedad mucho más encerrada en nosotros mismos, y que no sepamos ni quien es el vecino de enfrente, salvo que lo encontremos en Instagram.

Nos hemos acostumbrado tanto a la tecnología que estamos siendo atrapados por la ley del mínimo esfuerzo, pero llevado a su extremo más negativo. Si no hay un botón que me haga mi tarea, no la hago.

Y así, nos hemos vuelto tecnoadictos, o quizá mejor, tecnodependientes. Porque si se hiciera real el temor con respecto a un posible corte de energía masivo, el menor de nuestros problemas sería no poder acceder a nuestro perfil en redes sociales.

Un corte así nos dejaría sin comunicaciones y sin bancos de forma instantánea, lo que nos llevaría a no poder comprar más que con el poco dinero en metálico que tengamos. Pero en pocos minutos también nos quedaremos sin agua y sin calefacción al fallar las bombas. En unas pocas horas cerrarían los pocos servicios médicos avanzados que habrían sobrevivido con generadores, y en pocos días el transporte estaría paralizado. Sin comunicaciones, sin comida y sin agua.

Y ante esto muchos se han vuelto locos de nuevo, acumulando comida y agua en sus casas, aunque esta vez el papel higiénico no ha sido tan buscado, quizá porque los saneamientos tampoco funcionarían.

También es verdad que esta vez el acopio ha sido menor, probablemente motivado por lo escandalosas que fueron algunas pretendidas profecías, dadas por supuestos profetas y profetisas, que afirmaron que el mundo poco menos que se acababa en 2020, y que no se cumplieron.

Pero también es verdad que muchos viven con miedo ante un futuro incierto.

Porque los problemas y las dificultades siempre van a estar ahí, y más aún si intentamos vivir como cristianos en una sociedad que ha dado la espalda a todo lo que huela a Dios.

¿Y qué podemos hacer los cristianos ante esta y otras posibles catástrofes? Pues confiar en el mismo Dios en quien confió Josué.

Él se encontró en una situación muy complicada, tenía que liderar a Israel en la entrada a la Tierra Prometida. Un lugar lleno de ciudades fortificadas y de ejércitos poderosos.

La situación era para echarse a temblar, y Dios lo sabía, por eso le dirige las palabras que encontramos en el libro de Josué, capítulo 1 y versículo 9: Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Por supuesto que vamos a enfrentar situaciones difíciles y duras a lo largo de nuestras vidas. Si las ciudades se quedan sin agua todos vamos a pasar sed. Pero los hijos e hijas de Dios tenemos una promesa preciosa, sea lo que sea por lo que tengamos que pasar Dios estará con nosotros.

Y esta no es solo una promesa a Josué, en Mateo 28:19-20, cuando Jesús les está encomendando a los discípulos la Gran Comisión les dice: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Por ello, cada vez que te toque vivir una situación difícil en tu vida, no te dejes llevar por el desánimo. Agárrate a Dios y lucha en fe.

Nunca permitas que las circunstancias te derroten y te alejen de Dios. Confía en Él y esfuérzate.

Porque Dios siempre estará a tu lado, y en Él está la victoria.

Que Dios te bendiga.

Foto de Andrea De Santis en Unsplash

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