Después de la ascensión de Cristo, los discípulos podían estar tentados a permanecer ocultos.

Desde sus miedos, quizá esperaban que Dios enviara a alguien especial. O quizá pensaban ponerse a trabajar en alcanzar la “perfección” antes de comenzar su obra.

Sin embargo, Jesús solo les ordenó esperar hasta “recibir poder de lo alto”. Luego tendrían que actuar.

Del mismo modo, a veces recibimos el mandato de Dios de actuar, y como nos sentimos débiles e incapaces decidimos esperar hasta considerar que estamos suficientemente capacitados.

El problema es que, en las cosas espirituales, nunca estaremos lo suficientemente capacitados por nosotros mismos.

Sin embargo, el Espíritu Santo ya ha sido derramado. Y Él completa lo que nos falte.

Así que si Dios te da la orden de iniciar una tarea no te excuses como Jeremías, ni te retardes, y arranca.

Si eres obediente, y al igual que hizo con Moisés, Él irá contigo.

 

Fotografía por Angelina Litvin en Unsplash

 

 

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