El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser (1 Corintios 13:4-7; 8ª).

La prensa y las redes sociales están conformando un cóctel muy, muy explosivo.

La inmensa cantidad de noticias que vemos en los telediarios entran en la categoría de sucesos. Pandemias, volcanes, subidas de precios… Lo que más vende son las noticias de hechos negativos, y son muy pocas las noticias positivas.

Esto está llevando a que muchas personas estén desarrollando una visión muy negativa y desolada de los tiempos que les ha tocado vivir.

Y si vas a las redes sociales para distraerte, entonces te convences de que eres el más desgraciado de los mortales. Y ello por dos comportamientos distintos que se ven mucho en ellas.

El primero es el “positivismo publicitario”. La inmensa mayoría de actualizaciones que se comparten son de logros o de hechos muy favorecedores.

Es más fácil encontrar un foto en la que se ve a alguien exultante, con los brazos en alto y con la descripción de “Yo ganando una carrera”, que otra en la que se ve a la persona ahogada y agotada con la descripción de “yo, siendo derrotado por todos mis competidores”.

Y el segundo comportamiento es el dichoso “postureo”, es decir, la necesidad patológica que tienen muchas personas de ocultar sus miserias y ofrecernos imágenes idealizadas de sus vidas.

Y para ello no se cortan lo más mínimo en recurrir a fotos retocadas o directamente amañadas, para dar a entender que llevan una vida de lujo, y de felicidad, cuando lo cierto es que muchas veces están amargadas y no tienen donde caerse muertas.

Pero lo curioso es que los demás, a pesar de conocerlas, caen en la trampa y se lo creen. Y cuanto más tiempo pasan en las redes viendo ese tipo de publicaciones peor estado de ánimo tienen.

Y ya está el cóctel servido. Por un lado están recibiendo un bombardeo constante que les “informa” de que su mundo, el trabajo,  el clima, o la salud, se vienen abajo, mientras que por el otro están viendo a sus “amigos” viviendo vidas increíbles.

Como consecuencia muchos empiezan a considerar que sus propias vidas son miserables, y envidian la aparente fortuna de los demás.

Y aunque te parezca increíble esta situación ya tiene nombre, es lo que se conoce como “Síndrome de depresión por Facebook”. Una situación tremenda, y que está dañando muchas vidas.

Pero Dios nos ofrece un antídoto, una vacuna para este virus, que también nos está tocando vivir. Y ese antídoto lo encontramos en 1ª de Corintios 13:4-7: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Y en el versículo 8 concluye: El amor nunca deja de ser.

Cuando permites que el amor de Dios llene tu vida te das cuenta de lo importante y valioso que eres a sus ojos. Te das cuenta de que tienes una relación que da un sentido pleno a tu vida, y te das cuenta de que por ello nunca vas a estar solo ni desamparado.

Ese amor va a sostenerte para resistir los embates y las dificultades de la vida con decisión y esperanza, y te permitirá actuar con confianza, porque sabrás que Dios está contigo.

Y va a hacer que veas a tus hermanos como a personas valiosas, y para las que Dios tiene planes concretos y diferentes de los que tiene contigo. Y te ayudará a percibir tu vida como algo único y perfecto en sus planes.

Esto te permitirá admirar los logros de los demás con sinceridad y con alegría, y a disfrutar también con ellos, sin necesidad de entrar en competición estériles.

Un amor que te va a librar de la necesidad de sobresalir o exhibirte, porque te hace saber que el único que merece la gloria verdadera es Dios.

Que te va a permitir disfrutar de la vida y perdonar a los que te intenten dañar, porque sabrás que Dios es tu guardador.

Y te ve a impulsar a ser una persona activa y motivada.

Por todo ello, si estás empezando a sentirte agobiado con tu vida y notas que envidias las vidas de los demás, si crees que tu mundo se tambalea y se empieza a desmoronar, si ves que la alegría se aleja de ti a toda velocidad y te estás convirtiendo en alguien gris e irascible, acércate a Dios y deja que su amor inunde tu vida.

Entonces será el mundo quien tendrá envidia de ti, porque tendrás una vida real, victoriosa y eterna.

Que Dios te Bendiga.

Fotografía por Hester Qiang en Unsplash
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