«Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios» (Filipenses 1:27-28).

La salvación es algo que se obtiene por gracia.

No es precisa ninguna penitencia previa ni ningún tipo de obras para ser merecedor de la misma.

La única obra que se requiere es aceptarla.

Ahora bien, si el Evangelio ha impactado tu vida tiene que producir cambios en ella.

Porque por muy ética que haya sido tu vida, el nivel de amor, justicia y santidad que Dios demanda es muy superior.

Y este nuevo nivel, para el que Dios nos capacita a través de su Palabra y de su Santo Espíritu, es algo que debe dejarse ver en nuestro comportamiento diario.

Pero no estamos hablando de una vida «perfecta», sino de una vida de humildad, misericordia, rectitud y servicio.

Como leemos en Miqueas 6:8:

«Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios».

Una vida que deje ver a Cristo en lo que hacemos y decimos, o en lo que callamos y evitamos.

Porque si has de decir que eres cristiano quizá sea porque aún no te comportas como tal.

Nos vemos

¿Me ayudas a compartirlo? Muchas gracias.

 

 

Imagen de portada por  Jon Tyson en Unsplash

 

 

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